MAGDALENA

MAGDALENA

Cuando Magdalena se marchó, mis ojos se volvieron cristalinos; de ellos brotaron lágrimas que corrieron por mi cara como caballos salvajes.

Me ató de pies y manos y me arrojó, junto con mis esperanzas, al pozo de los orines.

Mi sonrisa se desvaneció como el humo de un cigarrillo. Un grito ensordecedor salió de mi corazón; la luz de mi alma se extinguió con su adiós.

Cenizas… eso es todo lo que quedó del gran amor que por ella sentí.

La lluvia lavó las heridas que dejó en mi corazón; el sol secó mis lágrimas; el viento se llevó su aroma, y el tiempo, mi viejo amigo, la olvidó.

Magdalena, si algún día, por azares del destino, llegas a leer esto, te digo: no queda en mí rencor alguno, tampoco recuerdos de lo que una vez fui.

Lo que me queda es decirte: gracias. Gracias a ti, me demostré a mí mismo que podía superar la tormenta de tu olvido. Y así fue: logré superar todas las adversidades que me dejaste.

Magdalena, si algún día piensas regresar, siempre serás bienvenida; no como enamorada, pero sí como amiga.

Chicoras.


Magdalena by Chicoras is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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