INTERROGANTES

INTERROGANTES

Ahora que no queda nada, después de haberlo dado todo, después de quedar vacío —con el puro dolor que sustituyen los engranajes para que la máquina de mi existencia siga en marcha—, pregunto a mi ser:

¿Debería seguir alimentando la felicidad ajena a costa de mi supervivencia?

¿O debería quedarme en el cascarón, con la seguridad de que tarde o temprano los demonios lo romperán y arrastrarán mi cuerpo al mundo insano, para ser devorado por una sociedad enferma y después ser arrojado a una de las miles de fosas comunes del olvido?

¿O debería ser yo quien encierre a los sirvientes de Lucifer en las cuevas más recónditas del universo, para que dejen de atormentar con sus poemas malditos los oídos de mi amada?

¡Interrogantes justas para estúpidas decisiones!

¡Qué más da! Al final, los cuervos siempre vuelven al granero cuando el espantapájaros se cae.

Chicoras.

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