En la hoguera, amable carne, danzan, danzan los demonios, los descarnados servidores del diablo; bailan, que bailan sin fin los engendros del Diablín.
¡Belcebú, jala la corbata de sus títeres negros, que al cielo quieren llegar, y les da con un zapato en la frente para que regresen, y hacerlos bailar ritmos distorsionados!
Enojados, los títeres cantan sus conjuros; acompañados de un órgano negro, los brazos olvidados se rozan y estrechan, recordando a las damiselas gentiles que antaño, en espantoso amor, se dejaron abrazar.
¡Vivan, vivan!, alegres danzantes que perdisteis el ritmo; soltad vuestras cabras, pues la pista es amplia, ¡disfrutad del baile como si de batalla se tratase!
¡La ira de Lucifer rasga los violines!
¡Rudos pies; nunca su suela se gasta!
Todos se han despojado de su piel: lo que queda les asusta y se ven con descontento.
En sus pies, el fuego les ha puesto unos botines negros.
El olvido es el causante de estas almas rotas.
Cuelga un pedazo de carne de su largo pico: aparecen en días trágicos las aves de mal agüero, con cantos de dolor.
¡Viva!, ¡que los gritos de dolor opaquen las plegarias!
Suena la marcha fúnebre en el órgano de hierro, y responden los esqueletos desde bosques sombríos: rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno.
¡Hombres, seres atrapados entre dos mundos!
¡Dejad que bailen estos macabros capitanes que navegan en carrozas fúnebres, crueles, con largas garras como dedos, una cruz marcada llevan en la frente! ¡Os daré un poema oscuro para sus negros corazones!
Y de pronto, en el centro del monasterio suena una música. ¡Que comience de nuevo la danza macabra! —Belcebú ordena—.
Brincando y jalando, pálidos, locos, los esqueletos marcan el ritmo; llevados por el ímpetu, se encabritan y, al finalizar el baile, se crispan sus cortos dedos contra un fémur que cruje.
¡Con lágrimas, los hombres recuerdan sucesos atroces!
¡Con carcajadas, los demonios vuelven a iniciar su baile alrededor de las osamentas!
En la hoguera, amable carne, danzan, danzan los demonios, los descarnados servidores del diablo; bailan, que bailan sin fin los engendros del Diablín.
Chicoras.


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