Corría el aire acompañado del polvo que levantaba a su paso, tarde fría que partía la piel y quemaba los huesos.
Caminaba yo por la calle principal de aquel mágico pueblo, vagando estaba, esperando encontrar nada, cual trotamundos viendo la vida pasar, de pronto, apareció, ahí estaba ella, con sonrisas que alegraban hasta los ogros que deambulaban por aquel lugar.
Con mirada encantadora y ojos de luceros.
Por collar llevaba lunares que la luna le había colgado al dormir, y una estrella en la boca que el Sol le regaló el día que nació.
Mar…
Inmenso como el universo, profundo como su mirada.
¡Ah!, su mirada, que naufraga y encuentra la mirada mía en la otra orilla del ancho mar.
Esa que llaman playa, esa que llaman arena, esa que llaman mar.
…ella, eso es, Mar.
Chicoras

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