AMIGOS

AMIGOS

Con un vestido viejo y maquillaje barato sale a la calle, se para en cualquier esquina, suele subirse con sujetos extraños en autos de lujo y, en ocasiones, toma un taxi para llegar a su destino. Viviendo, «amando», ella es solo una mujer.

Afuera hace frío, pero a ella no le importa; debe conseguir algunos centavos para pagar sus deudas. Casi siempre regresa por la mañana. Cuando voy al trabajo, nuestras miradas se cruzan en las escaleras o el ascensor. Algunas veces me sonríe. «Será mejor que escondas tu amor», me dice.

No sé a qué se refiere. Cuando tenga oportunidad de preguntárselo, lo haré. En el edificio nadie sabe su nombre verdadero; lo único que saben es cómo ella se gana el dinero. Ellos piensan que es fácil, pero no, porque ella tiene que poner mucho esmero, con el miedo de que un día su cuerpo amanezca sin vida en un basurero.

Este día tuve que trabajar horas extras. Se me ha hecho tarde esperando el autobús; son casi las doce de la noche. Aquí viene, ahora me iré a casa. He llegado a la parada que está cerca del edificio donde estoy viviendo, o muriendo de a poco (según como se le quiera ver). Caminaré algunos pasos y, por fin, estaré en casa. Podré ducharme y echarme algo de comer a la boca; tal vez un poco de cereal bastará para calmar el hambre que tengo. Además, ya es de madrugada, no debo comer demasiado.

Mientras busco la llave de la entrada principal, he notado que la luz de su apartamento está encendida. Es raro, porque siempre que llego tarde está apagada. Subiré por las escaleras; así podré echar un vistazo para ver si todo va bien allá arriba. Ya casi llego; un par de pisos más y me sacaré esta duda de la cabeza. La puerta está abierta. De cualquier manera tocaré, para que no piense que mis padres no me han inculcado eso de la educación y los buenos modales. Además, no puedo entrar sin su permiso.

—Andate, chico, pasá.

—¿Qué?¡No puede ser! ¿Cómo supo que vendría?

Bueno, creo que eso no importa ahora. Además, ya sabe que estoy aquí; no puedo volver.

—¡Hola! ¿Cómo te va? Vi la luz encendida; se me hizo raro porque siempre que regreso del trabajo está apagada, y por esa razón quise cerciorarme de que todo estuviera bien. ¿Va todo bien?

—Sí,no te preocupes, chico. Es solo que hoy no tuve ganas de trabajar.

—Lo entiendo,también me pasa algunos días. Sobre todo cuando me vienen a la cabeza ciertas memorias, recuerdos que aún guardo de una mujer que se fue como el agua se va entre las manos. Lo que ella no sabe, o ignora (no lo sé), es que… Perdón, no vine a dejarte más penas de las que ya tienes. Tal vez pueda contarte en otra ocasión sobre ella. ¿Hablemos de otra cosa, te parece?

—Claro,¿de qué quieres hablar?

—En realidad,quiero hacerte una pregunta: ¿por qué dices que tengo que esconder mi amor?

—Por nada en especial.Solo te lo dije para ver si te animabas a conversar conmigo, porque aquí en el edificio nadie habla conmigo, excepto la casera, y eso a veces, para cobrar el alquiler del apartamento. Pero bueno, dejemos eso de lado. Ahora que has venido podemos conversar, pero antes quiero agradecerte por estar aquí. De verdad, chico, gracias; ahora me siento un poquito mejor gracias a vos.

—¿A mí?¡Pero si aún no hago nada por ti!

—Quiero decir,me siento mejor porque has venido a charlar conmigo. Tal vez para vos no sea mucho, pero para mí es como si lloviera en el desierto.

—No exageres,no es para tanto.

—Lo es,al menos para mí.

—Está bien,dejémoslo en que ya te sientes mejor.

—Hecho,chico. A propósito, ¿qué es eso de andarse desvelando? Te quedarás dormido en el trabajo y terminarán echándote; no debes ser irresponsable.

—¿Y qué se hace cuando no se puede dormir?Dime.

—Bueno,puedes hacer muchas cosas.

—¿Por ejemplo?

—Qué sé yo…Busca algo que te relaje.

—Mandar al diablo a medio mundo me relaja.

—¡Qué!No, tampoco es para que te pongas loco, che.

—Entonces no sé qué más puedo hacer.Creo que la única forma de relajarme es escribiendo.

—Pues sigue haciéndolo.

—Pero el problema es que,para poder escribir, tengo que esperar a la madrugada, esa que es cómplice del desvelo, y si ella no viene, pues nomás no escribo. Podría escribir de día, pero tengo que trabajar, porque no solo de letras vive el hombre, o la mujer, según.

—Bueno,pues lo que sea que te relaje, sigue haciéndolo para que no caigas en eso que llaman depresión.

—Gracias,así lo haré. A propósito, ¿cómo te llamas? O, ¿cómo quieres que te llame?

—Bueno,pues los hombres me llaman puta, y las mujeres, cualquiera. Así que como me quieras llamar está bien; eso es lo de menos. Con que sigamos charlando de vez en cuando, eso es mejor que tener un bonito nombre, o sobrenombre. A fin de cuentas, lo que cuenta es el ser.

—Tienes razón.Bueno, entonces te llamaré amiga. ¿Sabes por qué?

—No,no lo sé. Dime por qué.

—Porque eso es justo lo que quiero ser conmigo mismo.Por eso, en ocasiones también me llamo amigo.

—Eso me agrada.Bueno, chico, desde hoy seremos amigos, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

—Mira lo tarde que es.Me tengo que ir porque, si no, mañana tendré sueño en el trabajo y no podré concentrarme en lo que me corresponde. Bueno, amiga, espero que para cuando amanezca ya te sientas mucho mejor que ahora. Hasta pronto, amiga.

—Hasta pronto,chico.

ME LLAMO AMIGO

Me llamo amigo… porque desde ahora eso es lo que quiero ser conmigo mismo.

A partir de hoy, me perdono por todo el dolor que me he causado. Por todas las veces que me he mentido. Por todos los sueños que no terminé de soñar. Por aquellas lágrimas que he derramado. Por aguantarme todos los reclamos y maldiciones no dichas, y por las que dije, también me perdono.

Por todas las veces que hice práctica sin teoría, y teoría sin práctica. Por los días de soledad que he pasado. Por los momentos que abrí los brazos y nadie me brindó un abrazo. Por los amores que por mi culpa perdí. Porque una y otra vez cometí los mismos errores; por ellos, también. Por los desvelos que no han valido la pena.

Por haber creído en ese alguien, con más razón, me perdono. Por no conocer antes el amor propio. Por ser, en ocasiones, el más grande estúpido. Por no saber cuándo decir adiós. Por quedarme más tiempo de lo debido. Por marcharme antes de tiempo. Por hacer promesas conmigo mismo y no cumplirlas. Por querer cambiar en otros lo que no puedo cambiar en mí. Porque un día me convertí en eso que tantas veces critiqué.

Por todo eso y más, yo, hoy, me perdono.

Pero… si la pierdo, eso, de eso jamás me podré perdonar. ¡Porque si la pierdo, ganaré un lugar en la ausencia de deseo, y ya nada ni nadie podrá sacarme de allí!

PD: De un amigo. —Y me digo a mí mismo: ¡Qué mundo tan maravilloso! Porque cuando despierto y abro los ojos, se hinchan de la emoción, y sé que tengo que calmarme antes de que revienten como globos.

Chicoras.

—De los apuntes de un Forever Alone—

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