LA MIRO Y TIEMBLO

LA MIRO Y TIEMBLO

Siempre que miro su fotografía, olvido el tiempo. Los demonios que tengo dentro se apaciguan y se convierten en palabras para ser escritas.

Pero es inútil: por más que trato, no consigo hacer que mis dedos obedezcan. Algunas palabras, por no escribirlas, desaparecen; otras se quedan ahí, revoloteando; otras más se pelean y se comen entre ellas.

El cuerpo me tiembla, las manos sudan y los dedos, antes de quedar paralizados, solo alcanzan a escribirle un «hola».

Ella siempre lee ese «hola», pero nunca responde. ¿Será porque a ella también le tiembla el cuerpo y se le paralizan los dedos?

Desde el encierro, en el primer año de la pandemia.

Chicoras.

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