PASIÓN

PASIÓN

Aquí está otra vez ese sueño donde la música me libera de la realidad. En cada nota, mis manos y pies se encabritan, y el sonido que producen las cuerdas me acaricia, llevándome en un viaje a través de oscuros abismos.

Risas de tristeza, lágrimas de alegría… ¿quién diablos sabrá todos sus propósitos? Mis manos tocan una fantasía; mi cuerpo inerte flota en un mar de angustias y, poco a poco, se va hundiendo hasta llegar al fondo del olvido.

¡Maldigo desde lo alto del sueño hasta la madrugada! ¡Maldigo las cuatro letras del amor! En griego y en español, maldigo también a quienes no se aman.

Abrazando el dolor con el corazón desnudo, como un caballero andante, seguiré adelante. Enfrentaré a mis demonios para vencerlos y hacer que canten y bailen ritmos desorbitados.

¡Canten, todos! Suenen cuerdas, mientras que yo seguiré bailando hasta enloquecer, porque si no lo hacemos, el Rey de las Tinieblas a vuestra Reina no volverá a servirle té. Como en la antigua danza macabra, hagan que mi osamenta vuelva a bailar al compás de ardientes tonadas. ¡Oh, Lucifer, qué desgraciado soy!, porque ahora que ella no me mira, no soy nada.

Sirvientes e hijos de Lucifer, venid a mí. Prestadme vuestras botas para pisar el cuello de la realidad hasta que os pida perdón por haberles negado su libertad. Os juro, hermanos, que cuando el baile acabe, libres todos serán.

Chicoras.

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