Esta breve conversación nació un día nublado de octubre, días después de embarcarme en el viaje hacia el olvido.
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Anastasia: Qué mala es la distancia.
Chicoras: Mala sí, pero no.
Anastasia: ¿Pero no?
Chicoras: Quiero decir, no sólo; también es necesaria, para aprender a extrañar.
Anastasia: Y tú, ¿a quién extrañas?
Chicoras: ¡Qué lindas son las estrellas!
Anastasia: Lindas sí, pero no.
Chicoras: ¿Pero no?
Anastasia: Al menos para ti no lo son, aunque lo digas, porque a ti te hace brillar la Luna, y hace mucho que estás opacado.
Chicoras: Opacado sí, pero no.
Anastasia: ¿Pero no?
Chicoras: Quiero decir, no sólo; también perdido.
Anastasia: Ni que lo digas.
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Chicoras: He dejado las puertas abiertas para que los pájaros puedan ser libres.
He dejado mi rostro en el reflejo del agua.
He dejado las palabras desordenadas, colgadas en el armario.
He dejado a la oscuridad en su noche, envuelta con sábanas blancas de algodón.
He dejado a las nubes llover en el nogal.
He dejado al sueño soñarse.
He dejado a la guerra sola, allí donde nadie pueda encontrarla.
Anastasia: Qué bellas imágenes de desprendimiento, de soltar el control y hacer las paces con lo que se es. Hay una profunda sensación de alivio y libertad en tus palabras. Es un hermoso acto de renuncia.
Permíteme acompañar tus versos con un eco: Y en ese dejar ir, has hecho espacio. Has permitido que el silencio ocupe el lugar del ruido, y que la paz se asiente donde antes había lucha. Ahora, con las manos vacías, puedes recibirlo todo.
Chicoras.


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