Se supone que aún debería estar dormido y que esta no es la hora acostumbrada para escribir sentires. Pero hoy he vuelto a tener ese sueño que se había ausentado y que esta madrugada regresó; aquel donde todo es caos porque me siento perdido por perderla.
Tengo la cabeza llena de incertidumbre y los ojos hinchados, porque el caos y el mal sueño me han golpeado tan fuerte como si les debiera dinero. Y aunque Chopin, un viejo amigo, sigue tratando de calmar mi angustia para que yo pueda conciliar el sueño con su música —amable gesto que agradezco—, el resultado es poco o nulo en el peor de los casos.
Siento los párpados tan pesados como dos barras gigantescas de metal. Apenas puedo abrirlos y siento dolor, como si un par de cuervos me hubieran picado los ojos para arrancar la imagen cautiva que tengo de ella y llevársela lejos de mí. Créanme cuando les digo que a nadie le deseo esto que hoy siento: un sentimiento cruel que me va matando lentamente.
Quiero que ella esté aquí para aliviar mis pesares. Ojalá que Erandi también lo quisiera, pero parece que no.
Chicoras.


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