Esta madrugada, en sueños, estuve buscando formas que pudieran ayudarme a descifrar tu misterio.
En mi desesperación, viajé al pasado para visitar a un amigo que fue mago; según se dice, el más famoso de la historia europea. Después de tanto buscarlo, por fin lo encontré y, tras saludarle, le conté todo. Le pedí que me ayudara, que tal vez podía enseñarme algunos conjuros o, por lo menos, unas cuantas palabras mágicas. Sonrió y, con mirada sabia, Merlín dijo: «Envía tu fuego hasta el final».
Recorrí los desiertos y cuevas en busca de la lámpara maravillosa, más mi búsqueda fue en vano, porque alguien más la halló y se la llevó, con el genio dentro. «¡Maldito seas, Aladino!», dije.
Entonces, viajé a una isla abandonada, a miles de kilómetros de aquí. En ese lugar vive un amigo, Nemo lleva por nombre, y viaja en su Nautilus, un asombroso submarino que él mismo construyó. Cuando lo encontré, le hablé de la misteriosa mujer que me roba el sueño y le pedí que me ayudara a recorrer sus mares para descubrir sus sentimientos, extensos y profundos. Y Nemo dijo: «Disfruta la aventura, es decir, la vida».
Como grandes jinetes de las mareas, cabalgamos los océanos y recorrimos la ciudad bajo el mar, pero no encontramos nada de valor que pudiera ayudarme a resolver el misterio que guardas.
Regresé pa’l norte. Ahí busqué, durante varias madrugadas, a un hombre que camina en la oscuridad y que por amigo tiene a un cuervo con ojos de fuego. En cuanto di con él, le pedí que me ayudara a buscar respuestas en la negra noche, para entender el misterio que te rodea. Y el Cuervo dijo: «Tiene a otro a quien amar y nada más».
«Seguiré buscando», dije después de suspirar.
P.D. De unos brazos vacíos: aún sigue aquí, esperando a que regreses, el breve espacio en que no estás.
Chicoras.


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