Alicia me decía que escribiera sólo cuando tuviera necesidad de hacerlo, sin importar la hora.
Y como saben los que me regalan un poco de su tiempo (amable gesto que agradezco) cada vez que leen lo que escribo, esta no es la hora habitual en la que suelo escribir, sin embargo, hoy tengo necesidad de.
***
Cuando me encontraba perdido y sin rumbo, en la oscuridad de ésto que llaman vida, llegó ella, aquella que por cabellos lleva, un extenso río que se extiende hasta la mar. Trajo con ella las lunas bellas de octubre y el otoño también le acompaña.
En susurros pronunció mi nombre, yo caí en un trance y cuando recuperé la conciencia, ahí estaba ella, con sus ojos puestos en mí, cuidándome, mientras pronunciaba conjuros y una luz más brillante que las gemas emanaba de ella.
Cuando pude ponerme en pié, agradecí la ayuda que me brindó y pude preguntarle ¿Por qué me ayudas? ¿Cómo me encontraste? Explícame porque no entiendo nada de lo que está pasando, por favor.
Entonces, me miró, tomó un suave respiro y me dijo con la voz quebrada, “en realidad, no te estaba buscando, y por extraño que parezca, yo también estoy perdida”.
Ese día, su respuesta me hizo entender que ella, igual que yo, también estaba tratando de reconstruir su corazón. Así que, le extendí mi mano y la invité a caminar conmigo, en sus labios pude ver dibujada una breve y bella sonrisa, después de eso, agarró mi mano, y desde ese día, camina conmigo.
Ahora, sus ojos vuelven a pintarse de color marrón, su sonrisa es más ancha y más bella. Poco a poco está recuperando la felicidad que había dejado escapar, ha vuelto a poner flores en su cabello, y cada día que se mira al espejo, se reconoce más y más.
Tal vez se preguntan ¿qué estoy haciendo yo para ayudarle?, bueno, pues les digo que, eso le toca a ella decirles si es que yo tengo algo que ver. Por el momento sólo diré que está mejor que antes.
Con respecto a mí, pues, mis heridas están cicatrizando más rápido gracias a ella. Porque antes de su llegada, yo era como un adagio de Brahms y ahora que ella está conmigo, soy como un waltz de Shostakovich, y estoy bailando de felicidad.
Tal vez algún día les revele su nombre, ahora no puedo, porque no tengo su permiso. Cuando lo tenga se los diré.
Por ahora sólo puedo decirles que, en mis sueños lleva puesto un vestido de color marfil.
PD: DE ALGUIEN QUE NAVEGA,- Volveré a embarcarme en un nuevo viaje para buscar y encontrar el mapa que habrá de llevarme a una nueva geografía.
Desde algún rincón, en alguna de tantas ciudades del imperio que está en decadencia.
Chicoras.
Octubre 09, 2024.


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