EL DESPERTAR
¡¿Qué tienen las lágrimas, que son tan pesadas?!
Con esa pregunta comenzó el amanecer de aquel día de invierno, cuando mis ojos se volvieron manantiales.
Mientras las lágrimas rompían las presas de mis ojos para desbordarse y correr sobre mi rostro, tomé el teléfono e inicié sesión, y pasó eso que nunca olvidaré.
Deslicé el dedo hacia arriba y la vi; entre mis lágrimas y la pantalla del móvil estaba ella. Así surgió el sentimiento que por esa mujer hasta hoy siento.
Sequé los ríos con mis manos, me lavé la cara con agua fría, me miré al espejo y me eché a reír, porque la esperanza cruzó nuestros caminos.
EL VIAJE
Un navío construí, y con él los siete océanos recorrí, buscando las caricias de mi amada. Cada noche, navegando, me encontraba; en mis sueños ella estaba, pero cuando yo despertaba, mi amada, como el humo del tabaco, se esfumaba.
Al despertar, con la taza de café en una mano y en la otra mi ración de tabaco, a ella, con gritos, yo llamaba. Pero era tanta mi mala suerte que solo el eco, a lo lejos, se escuchaba; y de ella, pues, nada.
EL REGRESO
Jamás perdí la fe, y por eso, de nuevo estoy de vuelta, después de una larga ausencia.
He regresado, trayendo conmigo los versos que por el camino recogí.
Recorrí las veredas, montes y valles; crucé barrancas y ríos, y con sabiduría enfrenté los líos en los que me metí. Así fue como los vencí.
Caminé por el desierto de Tlaxcala, buscando los besos de mi amada, y el calor abrasador que en mi cuerpo sentí era parecido al de sus piernas cuando me abrazaba.
Cuando la selva recorrí, sus humedades sentí; con nostalgia recordé los días en que las mías con las suyas confundí.
En el viaje, mil veces me perdí, al destino maldecí, pero gracias al amor que por ella siento, hoy de nuevo estoy aquí.
PD: Amada, espero que pronto vuelvas, como lo hice yo.
Desde algún rincón frío de un edificio viejo, que se encuentra en algún lugar de este que llaman el país de las «libertades».
Chicoras.
1. Amada, aunque lo parezcan, anota que no son quejas.


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