(Tristecidio)
Caminamos la noche; nos adentramos en ella buscando las manos que en antaño nos acariciaron, pero las manos no están.
Vamos más allá, caminando la madrugada, en busca del calor que calentaba nuestros cuerpos. Sin embargo, el calor se volvió frío.
Seguimos el alba y caminamos en ella, anhelando el café de los labios que tanto nos besaron. Pero los labios y el café ya no se besan.
El día nos alcanzó, y ahora caminamos en él para buscar los aromas que solían envolvernos. Mas los aromas se han evaporado.
El ocaso nos ofrece esperanza para seguir caminando y buscar los ojos que nos atraparon. Pero ahora, los ojos miran a alguien más.
Chicoras.


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