Quizá puedo publicarle todos los días en su Facebook poemas, frases o escritos que abundan en el ciberespacio.
Pero usted estará de acuerdo conmigo en que esos textos, frases y poemas fueron pensados y escritos para alguien más.
Así que, si usted lo sigue permitiendo, le escribiré cada vez que sienta un escrito.
Ahora que usted mi ausencia siente, le digo: la paciencia es una virtud que pocos poseen.
Así que, sin más, paso a lo siguiente:
Usted sabe que me gusta el peligro, la adrenalina, los viajes, las aventuras.
Así pues, le digo que estoy embarcado en una nueva travesía, esta vez sin marineros con los que pudiera contar en caso de que el Holandés, el más malo y cruel de todos los piratas, llegara a atacar el navío en el que estoy viajando; que pudiera ser presa de un calamar gigante que deambula por estas aguas (el más grande de todos los calamares del que hay registro hasta hoy) o, en todo caso, por si llegara a perder la brújula y con ella el sur, que es hacia donde me dirijo.
Tal vez usted se pregunte: ¿por qué? ¿Por qué decidí navegar solo esta vez?
¿Por qué dejar a las cientos de mujeres y hombres valientes que me han acompañado en otras aventuras y espléndidos viajes?
Bueno, se lo explicaré, solo por tratarse de usted (porque en realidad no me gusta dar explicaciones):
«Hay viajes que deben hacerse en solitario».
Espero que la extensa explicación que le he hecho le aclare el pensamiento.
Y si no, bueno, tiene usted el tiempo suficiente para leer el texto con la explicación más extensa que nunca antes había hecho. Leer y leer y leer cuantas veces sea necesario para comprender tan complejo y, a la vez, sencillo texto.
Y es que esto viene al caso, o cosa, según dicen por ahí, o escriben por ahí, las ya tan obsoletas frases como las siguientes que a continuación se leen: “si no te busca, no le importas”, “si no te llama, no te quiere”, “si no te escribe, no piensa en ti”, “si no le da me gusta o, en el mejor de los casos, me encanta a tus publicaciones de Facebook, pierdes el tiempo”, tan solo por mencionar algunas.
¿Habrá acaso alguien que crea semejantes estupideces?
Tal vez.
¿Recuerda usted que en una de nuestras conversaciones le mencioné que el Archiduque de Austria tiene pereza mental? Bueno, aquellos que se creen las frases estúpidas y obsoletas también la tienen.
—
Quizá usted sea un espejismo, como esos que aparecen en el desierto cuando escasea el agua en las cantimploras de los peregrinos que lo caminan, buscando una vida menos cruda.
Tal vez usted sea un peregrino y yo sea ese desierto que causa estragos a quien camina por la áspera y seca arena bajo el sol abrazador.
Quizá los imbéciles tengan razón cuando dicen que ambos somos pérdida de tiempo.
Quizá es cierto que la distancia es un muro muy alto, más alto que el que quiere construir un ser despreciable entre México y Estados Unidos. Aunque, para ser sincero, no creo que exista un muro de semejante magnitud como el que separa a los hermanos peruanos de abajo de los peruanos de arriba, o como el que separa a los hermanos palestinos de su tierra y su hogar, ese que fue construido por el gobierno sionista de Israel. Muros de la vergüenza: ambos.
Quizá.
—
«Unas crecen hacia abajo.
Otras crecen hacia arriba.
Están ahí, esperando encontrarse.
Las estalactitas y las estalagmitas.
Prisa, no tienen».
Desde cualquier rincón, en una de tantas geografías,
Chicoras.



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