RECORDANDO A ALICIA 

RECORDANDO A ALICIA 


Ecos, eso somos cuando los dioses cantan.

Sonidos, eso somos cuando el viento silba.

Agua, eso somos cuando las nubes nos bañan.

Fuego, eso somos cuando el amor nos hace.

Tristeza, eso somos cuando a quien amamos se va de nuestro lado.

Miedo, eso somos cuando dejamos salir a nuestros demonios.

Valientes, eso somos cuando solos nos enfrentamos a ellos.

Frágiles, eso somos cuando un familiar muere.

Polvo, eso somos cuando la madre tierra abre su corazón para recibirnos.

Alegría, eso somos cuando el dolor trae una nueva vida.

Eso, y más, somos.
— Me dijo Alicia, antes de embarcarse en ese navío para buscar nuevas aventuras —.

He de confesar que, en ocasiones, despierto de madrugada pensando en ella. Recuerdo las veces que secó, con su pañuelo de satén blanco, mis lágrimas. Toda vez que corrí asustado, con los ojos llorosos y el corazón roto, buscando refugio, ella me lo dio.

Es cierto que la vida sigue; que pueden pasar una, dos, tres, incluso millones de cosas, pero la vida seguirá su curso, igual que la muerte, ambas de la mano del tiempo.

Alicia también dice que muchos nombres desaparecen porque no hay nadie que los recuerde.

Chicoras.

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