ALBA

ALBA

Ayer me atrapó el desvelo, así que me levanté, preparé una taza de té y me dije a mí mismo: «¿Qué tal si deliramos un poquito?».

Y así fue que nació el siguiente texto.

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ALBA

A cada segundo que pasa, miramos el reloj. Queremos que el tiempo corra, pero no avanza, y el deseo crece. Nuestros cuerpos se buscan, se llaman, se necesitan.

Llega la noche, y con ella, el deseo de derramarme en sus labios, de arder entre sus brazos, de calmar la sed que tengo entre sus piernas.

Al compás de jadeos y gemidos, el amor nos envolverá con aromas de flores y frutas. Nuestras pieles se dirán lo que nuestras bocas callan; con mis manos la tomaré presa para que mis labios le dibujen nuevas geografías en su cuerpo.

Porque de Alba soy, y en ella quiero perderme hasta que no me sea posible saber si su infinita belleza ha iniciado en mí el proceso que ha de llevarme a la locura total e irremediable.

Que el roce que nuestros cuerpos habrán de presenciar durante el encuentro pasional sea tal, que sea imposible describirlo con palabras.

Porque estoy seguro de que, cuando Alba con sus piernas me abrace, me habré convertido en otro hombre: su hombre.

Es febrero, y la tormenta —llamada Alba— me ha peinado los cabellos con suspiros.

Chicoras.

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